En una de nuestras últimas visitas al Mercat de Sant Antoni, habíamos pensado quedarnos a comer en un restaurante cercano. Sin embargo, estaba cerrado y tuvimos que buscar una alternativa por la zona. Finalmente nos decidimos por Bo de Bernat, en la calle Urgell, 27.
Fuimos sin reserva y no pensábamos que hubiera ningún problema, pero nos sorprendió encontrar el local completamente lleno. Aun así, nos hicieron un hueco para los tres, con la condición de que termináramos antes de las 15:00. Eran las 14:00 y, como solemos comer rápido, no nos supuso ningún inconveniente. Al salir, nos llamó la atención la gran cantidad de gente que esperaba fuera para entrar. De hecho, en otras ocasiones hemos pasado por delante después de las 15:00 y siempre hay cola. Recientemente, además, hemos visto que han abierto otro local en la calle Aragó, 122.
La carta era amplia y variada, con cocina tradicional catalana, aunque al principio no encontrábamos algunos platos que habíamos visto por internet. Cuando ya íbamos a pedir, nos dimos cuenta de que había una pizarra en la pared, justo a nuestro lado, con más propuestas. No la habíamos visto. Amablemente, nos dieron un poco más de tiempo para decidir y allí sí estaban los platos que nos habían llamado la atención desde el principio.

Al final pedimos una ensaladilla rusa (una de mis debilidades), fricandó (bastante bueno), huevos rotos con jamón ibérico, canelones de pollo con foie y trufa y una tortilla de calçots, que también nos gustó mucho. De postre, un pastel de queso y un coulant de chocolate con nata.

Para ser un restaurante elegido de manera improvisada, fue todo un acierto. Platos sencillos, bien hechos, a buen precio y una experiencia muy agradable. Sin duda, salimos con muy buen sabor de boca.
Aquí tienes una traducción al inglés cortesía de ChatGPT: